jueves, 20 de agosto de 2015

El poder de observación

Y si, le estoy mirando. Veo como mueve las manos de su manera tan particular, con esos movimientos que solo él tiene. Su cara con esas facciones tan marcadas. Su sonrisa de niño, menuda sonrisa, cuando te sonríe sientes que estas a salvo, que el mundo de alrededor no existe, solo esta su sonrisa. Y cuando sonríe, sus ojos se achinan, como si quisiera que solo le miraras a la boca, a sus labios que guardan secretos. La manera en la que se sienta, con la espalda curvada y las piernas estiradas en un banco. Se le levanta el pantalón ligeramente y se le ve la punta de su tatuaje, unas rosas en el muslo, que se asoman tímidamente. Cruza una pierna encima de la otra. Observo sus Nike recién compradas. Habla animadamente de ellas una y otra vez. Su voz es suave y masculina, un placer escucharla. Y es que mirarle es un misterio. Con mares y océanos en sus ojos, sin saber que te vas a encontrar.

Y de repente, me mira. 

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