lunes, 18 de febrero de 2019

Gracias.

A ti, por hacerme sentir una quinceañera
que sin conocerte de nada, te conozco del todo, 
de querer alejarme de ti, a no poder desprenderme 
por sorprender y aprender
pero juntos, siempre juntos.

Por esa pizca nuestra de azúcar y sal

por esas tardes de bancos dulces y camas salinas.
Gracias por ser mi ángel de la guarda, de guerra y de derrotas.

Y que, aunque quieras echar el freno

yo ya voy a doscientos y acelerando
cruzando los dedos para no estrellarme
contra el muro que tu derrumbaste
que digo derrumbar, fue una demolición desastrosa,
desastrosamente bonita. 

Gracias a ti, mi ángel. 

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